Que contradictorio habitar un país con pocas
garantías de derechos humanos, en el que todos los días hay madres que lloran a
sus hijos muertos en combate o por violencias generalizadas y encontrar una
encuesta de la firma WinGallup Internacional, quien a inicios del
presente año reveló que un 90% de colombianxs son felices, posicionando al país
como “el segundo país más feliz del mundo”.
Es ilógico afirmar ser un país tan feliz,
cuando desde hace décadas atravesamos un conflicto interno que nos ha afectado
enormemente y de manera negativa directa o indirectamente a la mayoría de
habitantes, y digo a la mayoría no a todxs - porque es posible que la guerra
sea un negocio lucrativo para algunos. Son
frecuentes las muertes violentas, masacres colectivas, crímenes de lesa
humanidad, cuerpos femeninos convertidos en botines de guerra, corrupción
estatal, hambre, desempleo, pobreza extrema y presencia de grupos armados
ilegales en casi todo el territorio colombiano, por lo que refuto esta extraña
percepción de “Felicidad”…
Pienso que una consideración de tal tipo no
debe basarse exclusivamente en resultados de una encuesta, sino poner en
consideración muchos otros aspectos de la vida real. Muestra de esto es el
Informe Mundial de la Felicidad de las Naciones Unidas, quien ubica a Colombia
en el puesto 33, teniendo en cuenta la esperanza de vida, el ingreso promedio, la
confianza institucional y la libertad al tomar decisiones de sus habitantes,
entre otras.
Creo que si bien, la felicidad no es
exclusivamente de las personas que tienen ingresos económicos altos, la calidad
de vida sí es un factor decisivo y fundamental, como también puede ser
determinante la terminación de la guerra y el conflicto armado interno en el
país, la efectividad de los derechos humanos y las relaciones equitativas entre
hombres y mujeres. Se me hace imposible pensar que lxs habitantes de un país
puedan ser felices mientras la infancia se muere de hambre, las madres sumisas,
dependientes y sin educación sobreviven en medio de la precariedad, más de la
mitad de la humanidad que son las mujeres hacen parte de la enorme brecha de
inequidad, niños, niñas y adolescentes reclutados por grupos armados, familias
del área rural víctimas de desplazamientos forzados, entre muchas otras
vivencias tristes reales en Colombia; por algo y no es casualidad que países
con la particularidad actual de guerra y conflictos civiles como Siria, Ruanda
y Afganistán ocupen los últimos puestos en felicidad según diferentes estudios.
Gracias a la alegría de nuestra cultura, la resiliencia y el coraje la
población Colombiana ha resistido a tanto dolor, pero eso no quiere decir que
seamos felices, anhelamos la paz, trabajamos por la equidad y soñamos con un
mundo digno de ser vivido en el que la infancia, lxs ancianxs, las mujeres, lxs
jóvenes y toda la población sea feliz. Nos oponemos rotundamente al conformismo
de naturalizar algo que no es natural, el conflicto armado, la violencia y la
miseria.
Entre muchas preguntas, dejo algunas para su reflexión:
En un país que abunda la miseria, el dolor y la
violencia, ¿pueden sus habitantes ser los segundos más felices del mundo?
¿Qué ha fallado en la gobernabilidad para que
se perpetúe tanto el conflicto y la guerra en Colombia?
Se dice que Colombia cuenta con diversidad de
riquezas en recursos naturales, culturales y otros, ¿por qué al tiempo existe
tanta pobreza en gran parte de su población?