Los Colores de la Discriminación en Carne Propia.



He sentido y vivido la discriminación desde diferentes tonalidades, por ser mujer, por ser indígena pero al mismo tiempo negra, por ser pobre y diversa, por estar en contra de la burocracia, la corrupción y la exclusión, por no creer en las corrientes políticas tradicionales, ni en la religión que daña, por estar en contra de la inequidad del sistema androcéntrico patriarcal que acaba con más de la mitad de la humanidad.

Por todo anterior, pero especialmente por ser yo misma “he pecado”, en la cultura que me vio nacer. Me duele aun cada mirada que lacera mi piel estropeada a través de expresiones estereotipadas de mi entorno, palabras sexistas y excluyentes que el común acepta como normal, que naturalizan sin ser natural, que asumen como verdaderas y correctas sin lugar a dudas porque así nos lo dicto la cultura, profundizando día a día la brecha de excusión, que invisibiliza y pone en desventaja a las mujeres de nuestro territorio, imponiéndoles diferentes matices en el abanico de la discriminación femenina. Por todo lo anterior, es difícil hablar de equidad en un mundo pensado y gobernado por hombres, diseñado para las clases sociales normativas aceptadas y apoyadas culturalmente - por lo general aquellas que pertenecen a clase media alta, pero más aún, difícil sobrevivir pensando diferente inmersas en un contexto de oportunidades para pocos, con clases sociales predominantes que humillan y maltratan a quienes no hacen parte de sus cerrados núcleos, con creencias de doble moral que les blinda del mundo exterior, entonces me pregunto ¿cómo han logrado salir adelante algunas mujeres de esos grupos menos favorecidos?, y cada vez admiro más la valentía de esas pocas, que a pesar de ser mujeres con todas las desventajas que eso implica en muchas partes de Colombia como Sucre y Montes de María, aquellas que nacieron con el destino en su contra han logrado visibilizar la existencia de humanas esforzadas que atrapadas restan desarrollo, pero liberadas aportan toneladas de progreso a la humanidad, y me refiero con libertad a la oportunidad de educarse, de conocer, de expresarse, porque es el conocimiento la mejor herramienta para ejercer ciudadanía, es la educación lo que nos hace libres, es el poder que puede ponerle fin a la pobreza y la miseria que ha traído consigo tanta exclusión e inequidad entre hombres y mujeres.

Son ellas las Heroínas que debemos admirar, apoyar y proteger, esas que nos representan a la mayoría, las que merecen las coronas reales, quienes sin armaduras pero con pasión luchan buscando transformar el mundo día a día, esas que en carne propia sufrieron y sufren las violencias generalizadas de este país, aquellas que contribuyen con el sudor de su frente y mentes brillantes impulsan estrategias en contra de las violencias, la inseguridad y la vulneración de derechos que afectan negativamente nuestros territorios, no es justo que sean las que sigan silenciando los fusiles, no es razonable que los medios de comunicación y los gobiernos de turno sigan dándoles la espalda, siendo indiferentes mientras ellas se exponen a todo tipo de amenazas y violencias en su contra por el solo hecho de ser mujeres, por decir la verdad o por reclamar justicia, esas, las innombrables, las invisibles o las inexistentes de nuestros territorios (En honor al Colectivo Narrar para Vivir y Mayerli Angarita, amenazada de muerte por seres inescrupulosos que propician violencia y muerte en nuestro territorio).